SANTO DOMINGO/7D.- Julio Castillo es un joven lanzador dominicano de ligas menores que enfrenta una seria acusación en Estados Unidos, tras golpear a un aficionado con una pelota en un parque de béisbol de la ciudad de Dayton, Ohio, durante una trifulca entre su equipo, los Chiefs de Peoria, y los Dragons de Dayton en julio pasado.
"Esta acusación se deriva de una conducta desmedida e inexcusable por parte de un jugador profesional de béisbol", expresó el fiscal del condado de Montgomery, Mathias Heck, al justificar la acusación contra el serpentinero de 21 años, que además fue obligado por un juez a entregar su pasaporte.
Castillo, realmente, lanzó la pelota contra un integrante de los Dragons, pero la bola fue a parar a la anatomía del aficionado, quien presentó cargos por agresión contra el dominicano, que de buenas a primeras ve en serio peligro su carrera como beisbolista profesional.
¿Qué sucedió antes del incidente con Castillo?, pues que los dos equipos iniciaron una guerra de pelotazos y se produjo una discusión y se armó la ‘cámara húngara’ típica en estos casos con el saldo lamentable para el aficionado.
El sábado pasado en el estadio Julián Javier de San Francisco de Macorís, ocurrió una situación similar en parte a la ocurrida en julio en Dayton, pero con el agravante de que, en esta oportunidad, jugadores profesionales la emprendieron a pelotazos contra los aficionados que, -en una conducta condenable-, lanzaron innúmeros objetos al terreno de juego, tras un incidente entre peloteros de los Tigres del Licey y los Gigantes del Cibao, anfitriones.
El saldo en esta oportunidad, varios fanáticos seriamente lesionados como el caso de Jonathan Rafael Marte Pereyra, estudiante de ingeniería civil, quien fue intervenido quirúrgicamente, tras recibir un pelotazo en la mandíbula. También resultó herido el ex fiscal de la provincia Duarte, Manuel de Jesús Sánchez.
Los dos aficionados dieron a conocer que demandarán ante los tribunales al equipo Tigres del Licey, responsables de lanzar las pelotas a las gradas y provocar las heridas y contusiones, que de acuerdo a los informes, alcanzaron a unas diez personas.
¿Por qué ocurren estas cosas en un campeonato llamado ‘familiar’ por sus propios organizadores?
En primer lugar, existe un “código de honor” entre los jugadores de béisbol, que los obliga a responder “ojo por ojo” cuando, como es el caso de marras, los lanzadores rivales golpean a los bateadores y se interpreta que fue a propósito.
Esto hace mucho daño al juego, pero parece que es inevitable que ocurra y de lo que se trata es de que los dirigentes y los árbitros mantengan control de la situación con las debidas advertencias y eventuales expulsiones del partido.
Lo segundo es que la seguridad del estadio debe ser realmente efectiva porque, todo el mundo sabe que esto puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier partido y no hay justificación para el descuido en este aspecto tan vital donde se producen aglomeraciones de este tipo, con las pasiones en ebullición permanente y la agitación desbordada.
En tercer lugar, no hay ninguna justificación para que los jugadores se aboquen a una actitud como la que, según muestran todas las evidencias, asumieron varios peloteros de los Tigres cuando enviaron pelotas a las gradas convertidas en peligrosísimos proyectiles que podían haber causado una tragedia de proporciones insospechadas.
Y es que provoca horror observar escenas donde jugadores, a quienes se supone un conocimiento cabal de su responsabilidad, se convierta en más fanáticos que aquellos que se encuentran en las gradas disfrutando de un espectáculo caro por demás.
Algún día debe ponerse freno en este país a situaciones como éstas, que muchos de quienes las protagonizan no se atreven a ejecutarla en otros lugares, a sabiendas de que perderían el santo y la limosna. Pero como aquí parece que todo está permitido, se le da rienda suelta al desenfreno y a las malas acciones resguardado en tal o cual posición de influencia y poder.
¿O, es que ya se olvidó lo sucedido en Nagua con un lanzador de Grandes Ligas que se encuentra en libertad, tras causar la muerte a dos desdichadas mujeres?
Mas aún, ese lanzador fue “premiado” por su equipo en el presente campeonato donde debutó recientemente, aunque con tan mala fortuna que le entraron a palos en un dos por tres, debido, obviamente, a que no está en eso.
Ojalá la justicia, -no lo creemos, pero lo deseamos-, ejecuta su rol y sancione debidamente a los responsables de esas agresiones, porque en cuanto a la Liga Dominicana de Béisbol, sabemos que las sanciones sólo se limitarán a una que otra multa y la suspensión de partidos.
Un campeonato de por sí bajo constantes cuestionamientos ante el “misterio” en el festival de cuadrangulares, ahora ofrece este bochornoso espectáculo del que son responsables directos los directivos de los equipos y la propia Liga de Béisbol.
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